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Me levanto a las 3:45 de la madrugada con mucho sueño y dudas, un accidente me ha dejado toda la espalda dolorida y no sé si podré completar todo el recorrido tan duro que han diseñado los organizadores de la carrera Mallorca 5000.

Desayuno café con leche y el plato de pasta que no me terminé la noche anterior, que no sea por falta de alimento que no pueda completar la carrera. Me visto con la ropa deportiva, bien cubierto encima para resguardarme del frio que hace en febrero, y me dirijo hacia Sóller (Mallorca). No encuentro casi ningún coche por la carretera, la oscuridad me escolta hasta la llegada al túnel, la puerta principal de entrada al valle, una vez que lo he cruzado se plantan enfrente de mí las luces de la población, cosa que anuncia mi destino: El punto de salida de la carrera.

Una vez dentro del pueblo veo los primeros corredores que se preparan junto a sus vehículos, aparco, ya he llegado y tengo la sensación que ya no hay marcha atrás. Me dirijo a pie y completamente preparado hacia el punto de inicio de la carrera, la céntrica Plaza de la Constitución, allí hacen una revisión de material de los 170 valientes que están a punto para emprender la salida. ‘Briefing’, el recorrido de la carrera ha sufrido cambios, parte de la dureza de los primeros tramos se han trasladado a la parte final del recorrido, así que tendré que dosificarme y guardar fuerzas para el final.

Ya son las seis y puntualmente dan la salida, un silencio de pasos sobre asfalto nos acompaña por las calles de Sóller, después cruzamos Biniaraix y finalmente dejamos el asfalto con el sonido de las xeremies (gaitas mallorquinas). En frente mía se adivina un muro a través de la oscuridad, el Barranc de Biniaraix, casi mil metros de desnivel positivo que me conducirán a la cima del Puig de l’Ofre. La sarta sinuosa de luces se empieza a estirar, un vistazo hacia arriba me adelanta la dureza de las primeras rampas, toda una imagen de postal.

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Vistas desde el Puig Tomir en Mallorca.

El recorrido me conduce por el camino viejo de Biniaraix hasta cruzar el torrente de l’Ofre, que rebosa de agua, y sigo por el camino sinuoso y perfectamente empedrado del barranco. Ya con las primeras luces el alumbrado de los frontales se ha dispersado, pronto llego al Coll de l’Ofre, pero cuando levanto la cabeza veo la cima de la montaña con su típica forma de pirámide y puedo comprobar que aun tendré que superar una buen desnivel antes de alcanzar la primera cumbre.

Ya ha amanecido, guardo el frontal antes de emprender las rampas más duras que me conducirán a la cima de l’Ofre (1.091 metros), una vez arriba puedo contemplar una imagen impresionante de toda Mallorca y justo en el horizonte el sol que ya se asoma, vale la pena pararse unos segundos para coger aire y contemplar semejante espectáculo. Todo seguido una bajada y subida suaves me conducen por Na Franquesa, pero el recorrido marcado me hace esquivar su cima, e inicio una subida corta e intensa hacia la cumbre de Sa Rateta (1.113m).

Allí arriba se puede contemplar una nueva imagen de postal, el imponente Puig Major se erige delante mío, a bajo los embalses de Cuber y Gorg Blau y de fondo el Massanella y el Galileu, mis próximas cimas. Saludo a la gente que se encuentra en la cumbre e inicio una bajada larga, técnica y rocosa que me conducirá al primer avituallamiento, Cuber (750m).

Son la 9 horas, estoy contento, tengo las piernas muy frescas y la espalda que no se queja mucho, he sido conservador al principio para prevenir cualquier dolor intenso. En el avituallamiento aprovecho para repostar agua, comer pan con jamón y fruta –necesito coger fuerzas para recorrer los 27km hasta el próximo avituallamiento– y cambiarme la ropa para ponerme más fresco –los primeros rayos del sol empiezan a calentar bastante después del frio del alba.

Continuará la ruta…

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