En Mallorca la sobrasada es lo nuestro. En Mallorca, somos de esos que para viajar llevamos en la maleta un paquete de Quelitas para no pasar hambre, en Mallorca la sobrasada nos ha salvado muchas noches a la vuelta de una fiesta, en Mallorca la ensalmada la paseamos allá por donde vayamos. En Mallorca sobreviviríamos a base de ‘pa amb oli’ y sobrasada. Y ahora… ¡La sobrasada es un superalimento! Pero no por las veces ha salvado a los mallorquines, sino por sus cualidades positivas para la salud.

La sobrasada es uno de los productos más típicos de la gastronomía mallorquina, es un embutido crudo curado, elaborado a partir de carnes seleccionadas del cerdo, condimentadas con sal, pimentón y pimienta negra. Se embute en una tripa y se deja reposar durante unas semanas o meses.

Aparentemente no se trata de un producto súper saludable, y más en la actualidad, cuando está en auge la slow food. Sin embargo, según los expertos, la sobrasada podría considerarse un superalimento debido a los grandes beneficios que aporta la salud física y emocional. Se trata de un alimento rico en en vitamina B3, por tanto, ayuda a luchar contra la artritis, ayuda a reducir el colesterol y favorece el funcionamiento del sistema circulatorio. También tiene un algo contenido en sodio y en vitamina B1. Un tipo de vitamina que ayudar a disminuir el estrés y a cicatrizar las heridas.

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Y es que no son sólo los beneficios que aporta, el sabor de la sobrasada es delicioso y se pueden encontrar dulces o picantes. Además, aporta tanto valor a la Isla que incluso en 1993 el Govern le otorgó una Denominación Específica y, en 1996, la Unión Europea le dio el sello de Indicación Geográfica.

De hecho, la sobrasada es un producto tan rico que en los últimos años se han creado diferentes variantes de esta misma. En la comida vegana es común encontrar una receta de sobrasada vegetal, obviamente no contiene cerdo, pero a simple vista es muy similar a la tradicional.

La sobrasada vegana está hecha de tomate seco, pimentón dulce, pimienta blanca, piñones y aceite de oliva. A pesar de que la receta dista mucho de la tradicional y podría considerarse un pato de tomates, en cierto modo, untada en el pan sí que recuerda el sabor del embutido mallorquín de toda la vida.

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